El decano de la Facultad de Administración y Negocios de la UTP propone tener en cuenta ciertos criterios para iniciar un negocio sin poner en riesgo la relación.
Emprender un negocio en pareja es una decisión que combina confianza, compromiso y visión compartida, pero que también implica riesgos que no siempre se anticipan. Para Pablo Montalbetti, decano de la Facultad de Administración y Negocios de la Universidad Tecnológica del Perú (UTP), este tipo de emprendimiento puede convertirse en una fortaleza competitiva si se gestiona con madurez, acuerdos claros y comunicación constante.
“Una de las principales ventajas de emprender en pareja es la confianza. Se conocen muy bien, saben cómo reaccionan ante la presión y pueden complementarse de manera más eficiente que otros socios”, explica. Este conocimiento permite distribuir responsabilidades de forma natural y reducir costos operativos, ya que muchas funciones que normalmente asumirían terceros pueden ser cubiertas por los propios emprendedores.
El compromiso, además, suele ser mayor. “Cuando los intereses empresariales y familiares se alinean, el nivel de involucramiento es más alto, porque el impacto del negocio no solo es económico, sino también personal”, señala Montalbetti. No obstante, advierte que esta cercanía puede convertirse en una fuente de tensión si no se establecen límites desde el inicio.
Señales para tomar en cuenta
Antes de dar este paso, el decano de la UTP recomienda evaluar un aspecto clave: la forma en que la pareja enfrenta los conflictos. “Las diferencias van a existir, eso es inevitable. El verdadero riesgo está en cómo se gestionan”, afirma. Emprender juntos implica aceptar que el negocio pondrá a prueba la relación, por lo que es fundamental analizar si ambos cuentan con la madurez necesaria para separar lo emocional de lo profesional.
Definir responsabilidades
Uno de los pilares para evitar conflictos es la definición clara de roles y responsabilidades. Para Montalbetti, este punto es fundamental desde el primer día. “Cada uno debe saber qué le corresponde hacer y hasta dónde llega su espacio de acción”, sostiene. Esta claridad ayuda a evitar fricciones, duplicidad de funciones y disputas de liderazgo.
Al mismo tiempo, destaca la importancia de mantener apertura al diálogo. “Aportar ideas no significa invadir el rol del otro; el respeto profesional es tan importante como el personal”.
Cuando surgen desacuerdos, la situación puede volverse compleja. En muchos casos, explica el decano, uno de los socios opta por dar un paso al costado para preservar la relación. Otra alternativa es incorporar a un tercero. “Un mediador o asesor externo aporta objetividad e imparcialidad. Una mirada externa puede destrabar decisiones cuando las emociones interfieren”, comenta.
Últimos detalles
En cuanto a la formalización legal, Montalbetti recomienda establecer acuerdos claros una vez que el proyecto demuestra viabilidad. “En una etapa inicial o de prueba piloto puede no ser indispensable, pero cuando se decide emprender de manera sostenida, es clave formalizar la relación”, indica. Esto permite proteger tanto el negocio como el vínculo personal.
Finalmente, el decano de la UTP subraya que emprender en pareja no es una decisión menor. “Lo primero es preguntarse si ambos están dispuestos a asumir los riesgos. El negocio puede fortalecer la relación, pero también desgastarla si no se maneja adecuadamente”, afirma.
Su recomendación es apostar por la comunicación permanente, el respeto mutuo y acuerdos bien definidos. “Cuando hay diálogo y límites claros, es más probable que el emprendimiento se convierta en una oportunidad de crecimiento conjunto”, concluye.









