Lo que comenzó como un día normal se convirtió en una pesadilla para Fernando Edilberto Luyo Peña. Mientras se dirigía a su trabajo en Cañete, fue atacado salvajemente por tres perros pitbull que lo dejaron al borde de la muerte. Quince interminables minutos de agonía le arrebataron sus brazos y le causaron graves heridas en una pierna. Solo la intervención de un vecino, que lo rescató antes de que los canes alcanzaran su cuello, evitó una tragedia mayor.
Tras el ataque, Fernando fue llevado de emergencia al Hospital Rebagliati, donde permaneció un mes en coma. Al despertar, enfrentó una cruel realidad: su vida ya no sería la misma. Sin brazos y con limitaciones físicas severas, hoy depende de su madre, una mujer de 83 años, y lucha por mantener a sus tres hijos pequeños.
Dueño reconoce responsabilidad, pero no hay reparación
El propietario de los perros, Iván Guillén Arias, admitió ante la Fiscalía ser el dueño de los animales. Sin embargo, hasta ahora no ha ofrecido una compensación justa por los daños irreversibles causados a Fernando.
“Durante el tiempo que estuve en coma, apenas enviaban 200 soles a la semana. Eso no cubre nada”, denunció Luyo, quien ahora exige justicia y una indemnización que le permita costear sus tratamientos y el sustento de su familia.
Una vida truncada
Antes del ataque, Fernando era un trabajador independiente. Hoy, sin posibilidad de laborar y con secuelas permanentes, su futuro es incierto. Su caso ha generado indignación en su comunidad, donde exigen que las autoridades tomen medidas más severas contra dueños de perros peligrosos sin control.
Mientras espera que la justicia actúe, Fernando Luyo enfrenta cada día con dolor, pero con la determinación de seguir adelante. Su historia es un llamado de alerta sobre la tenencia irresponsable de animales y la necesidad de leyes que protejan a las víctimas de ataques brutales como el que cambió su vida para siempre.