Corea del Sur se encuentra en el umbral de un cambio significativo en su cultura gastronómica. Con la entrada en vigor de una nueva ley en 2027 que prohíbe la venta y consumo de carne de perro, este verano 2023 podría ser el último en el que se pueda disfrutar de bosintang, una sopa de carne de perro tradicional que ha sido parte de la dieta coreana desde la época de la dinastía Joseon.
La ley, que busca mejorar el bienestar animal, ha generado un fuerte debate en la sociedad surcoreana. Muchos propietarios de restaurantes, como Lee, con más de 40 años de experiencia en el negocio, se enfrentan a un futuro incierto. Con más de 2,000 restaurantes dedicados a este plato, la industria ha comenzado a registrar un declive, con muchos locales optando por cerrar o cambiar su menú.
A pesar de la tradición que rodea a este platillo, el consumo de carne de perro ha ido disminuyendo, en gran parte debido a la creciente presión de grupos animalistas y un cambio en las actitudes de la sociedad. La reducción drástica en el número de granjas que crían perros para consumo humano indica un cambio en la percepción pública, aunque los animales en las granjas restantes aún enfrentan condiciones inhumanas.
A medida que se acerca el fin de esta tradición, la pregunta que muchos se hacen es: ¿cómo afectará esto a la identidad cultural y culinaria de Corea del Sur? En medio de una transición hacia nuevas normas de bienestar animal, el país busca encontrar un equilibrio entre la tradición y la ética moderna.
Fuente: Rpp.pe








