Las calles de San Juan de Lurigancho fueron el escenario de una historia que desafía nuestra comprensión sobre el instinto animal y la memoria afectiva. El protagonista es «Negrito», un perro sin hogar que, al sentirse gravemente enfermo, decidió buscar auxilio en el mismo lugar donde alguna vez recibió refugio y cuidado: la veterinaria Vida Santa.

El establecimiento, conocido por el can desde que era cachorro, se convirtió en su última esperanza cuando su salud colapsó. Según el testimonio del médico veterinario Johnson Man, «Negrito» acudía habitualmente al local, pero esta vez llegó con un cuadro clínico severo. Los exámenes médicos revelaron que sufre de erliquiosis, una enfermedad parasitaria transmitida por garrapatas que le ha provocado trombocitopenia, evidenciada por una hemorragia nasal o epistaxis.
Actualmente, el animal se encuentra estabilizado, recibiendo tratamiento con protectores hepáticos, vitaminas y una dieta especial para recuperar su peso y fortaleza. Sin embargo, más allá de la atención médica, el caso plantea un dilema ético y moral sobre la responsabilidad colectiva hacia los animales en situación de calle y el abandono.
Fuente: La República









